Indudablemente, fué el segundo peor momento de mi vida. El primero ocurrió cuando Enrique quiso besarme. Enrique ha sido el único hombre del cual he sentido algo parecido al amor: esas mariposas, que para mí fueron moscas, en el estómago al momento de tocar al ponente. Sólo a mí se me ocurre mirar al techo en el momento decisivo. Quizás mi actitud fué tomada como un cierto desinterés por chochar los labios. No bien la razón por la cual miré al techo fué para recibir ayuda de parte de las manchitas de polvo, que con el tiempo forman infinitas figuras. A veces encuentro respuestas ahí. A veces no. Como aquella vez, por ejemplo, que ví lo que nunca antes: la imagen de Einstein sacando la lengua.
Y ahí nos quedamos, hasta que mi mamá nos llamó a tomar leche. Ahi le tomé el hombro y le dije al oído que quizás si Einstein no tuviese bigotes, le tomaría la mano de vez en cuando, aunque tomar de las manos es un acto que odio. Y nosé porqué le dije lo de las manos, si lo que quería él era besarme. En ése momento Enrique miró mis manos, y se fué corriendo. No lo volví a ver en semanas. Luego me enteré que se había ido a vivir a La Serena. Estoy casi segura que ésta es la razón por la cual afirmo que fué el peor momento de mi vida.
Y ahí nos quedamos, hasta que mi mamá nos llamó a tomar leche. Ahi le tomé el hombro y le dije al oído que quizás si Einstein no tuviese bigotes, le tomaría la mano de vez en cuando, aunque tomar de las manos es un acto que odio. Y nosé porqué le dije lo de las manos, si lo que quería él era besarme. En ése momento Enrique miró mis manos, y se fué corriendo. No lo volví a ver en semanas. Luego me enteré que se había ido a vivir a La Serena. Estoy casi segura que ésta es la razón por la cual afirmo que fué el peor momento de mi vida.

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