20081104

voz de la no experiencia

Si alguna vez se siente intimidado por la cajera de la boletería del metro, mírela fijo a los ojos. Se pone nerviosa porque se da cuenta que no es más que una cajera y su poca autoridad se resigna ante los ojos que la gobiernan, se da cuenta en ese momento que no es más que usted, y retoma su posición esencial de cajera.




Si alguna vez le tiran piedras en la calle, no mire a quien las tira. Sólo recójalas como si nada y, en los posible, ríase.



Si alguna vez es menospreciado por un desconocido, por ningún motivo llore. Es mejor no decir nada al respecto y seguir la rutina.




Si alguna vez se aburre de leer un libro dentro de una cafetería, y sólo si afuera llueve, salga y trate de mirar al cielo lo más que pueda.



Si alguna vez se le cae el teléfono móvil en la calle, y otra persona lo patea sin pedir las correspondientes disculpas, no diga nada. Sólo ría.




Si alguna vez el mejor amigo de usted le confiesa alguna traición, regálele un dulce.


Si alguna vez las ganas de cruzar la línea amarilla sobrepasa sus ganas de no cruzar la línea amarilla, pídale ayuda al señor amarillo.



Si alguna vez la voz de la tentación persiste, obedezca. Igual que a la morsa.


Si alguna vez se encuentra con una enfermera en un hotel de Roma, knockéela de un golpe.



Si alguna vez se le pierden las llaves, póngase a rezar.


Si alguna vez le da hambre, vomite.



Si alguna vez creyó escuchar la voz de la no experiencia, eso es un claro indicio de su locura, queridísimo señor carnicero.

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