20081025

pasto mojado: colección primavera-verano

Muchas náusas, mareos y cosas por el estilo. No quise ser mejor ni crecer rápido. ''Vomita pendeja, metete los dedos''.
5 de la mañana y el lugar parece campo de concentración con rehenes vestidos de fiesta y el techo no para de dar vueltas; le pedí que se quedáse quieto, pero el mala onda no quiso.
6 de la mañana y no me quiero ir en metro; el techo porfín paró el hueveo. Alguien dijo caminar?
8 de la mañana y las llaves aparecen como pueden. Abro, camino, ''buenos días, bonita hora, vállase a la cresta'', subo, abro, cierro, camino, me acuesto y ahí quedé.
10 de la mañana aliento poco fresco, hambre, jaquecas, ganas de jugar sudoku. La perra me abre la puerta, se avalanza y me lame con frenesí. Aveces no quiero dormir, pero ahora no.
4 y media de la tarde y hace unos minutos ya me había levantado. Sueño con papas fritas. Hambre.
Sola, calor, casi verano, ducha, papas fritas al fin. Más ketchup. Tele. Baño.
Indiscutiblemente, la noche estuvo penosa. Entre robos, vasos quebrados y medio llenos, surtido de secreciones corporales y humo, no hubo nada nuevo.
A veces me arrepiento de estas cosas y prefiero ponerme a estudiar. Quizás la física o la filosofía (ambas con F) me ayude más que un par de bocas húmedas y somnolientas, o más que gastar dos lucas en algo súmamente perecedero. Aunque existe algo concreto: tomar un cuaderno es mejor inversión que dormitar en un pasto mojado, un pasto mojado, un pasto mojado, osea, tres pastos mojados.
Ahora sí, bienvenido sudoku, te extrañé anoche, me hubieras defendido del techo. Es un hecho.

20081019

para la hueá

Mira, antes que todo, pretendo prometerte una mentira: es mejor que jugemos a ser grandes y no pensemos como animales, sigamos la ruta de la perfidia y engrandezcamos las pinceladas.
Señora María, deseeme suerte. Me encuentro en proceso de traspasar lo trascendental de la niñez. Señora María, cuídame al cruzar la calle. No desearía jamás terminar arrollada.
Porque soy rubia, soy alta, tengo pechos pequeños y camino poco erguida. Sólo eso me vasta para entrar al paraíso Señora María. Si soy sagaz o perspicaz tendré el reino más substancial de todos a mis pies y sólo mis pies.
No me haga caso, soy sólo una pequeña alma inconsolable, altanera e intolerante. Prométame una cosa: sólo déjeme desencapullar cuando la sociedad y el tumulto de gas acumulado en todas las sienes se halla disecado, desfigurado y esfumado. Entonces saldré a bailar en la cima del grumo más imperfecto de la futura faz terrenal.

20081015

cortísimo montaje (?)



Suprímelo dijo él. Apágalo dijo él. Lo suprimí y lo apagué.
Enciéndelo dijo él. Lo encendí.
Salí a comprar frugelés para la escena de cena gringa perfecta. Uno de limón, dos de naranja, uno de frutilla. Una cajita de jugo con bombilla, además.
Ordené la tabla con los frugelés, la dejé bonita. Me senté y lo esperé a él. Se sienta él.
Come dijo él. Traga dijo él. Vomita dijo él. Comí, tragué y vomité.
Ordené la tabla con la cajita de jugo con bombilla. La dejé bonita. Me senté y él ya estaba sentado.
Ábre dijo él. Tírala en mi cara dijo él. La abrí y la tiré. Se paró y me empujó. Me paré y lo empujé. Me tomó y me besó. Lo tomé y lo besé. Me tomó y me pegó denuevo. Me agaché. Me senté y la gravedad me acompañó segundos en potencias de diez.
Apágalo dijo él. Lo apagué.
Rememoré y al tiempo lo estanqué. Ahí me quedé. él mire a Lo. Dice ser Dios.

20081001

Cuéntame ése día po


Indudablemente, fué el segundo peor momento de mi vida. El primero ocurrió cuando Enrique quiso besarme. Enrique ha sido el único hombre del cual he sentido algo parecido al amor: esas mariposas, que para mí fueron moscas, en el estómago al momento de tocar al ponente. Sólo a mí se me ocurre mirar al techo en el momento decisivo. Quizás mi actitud fué tomada como un cierto desinterés por chochar los labios. No bien la razón por la cual miré al techo fué para recibir ayuda de parte de las manchitas de polvo, que con el tiempo forman infinitas figuras. A veces encuentro respuestas ahí. A veces no. Como aquella vez, por ejemplo, que ví lo que nunca antes: la imagen de Einstein sacando la lengua.
Y ahí nos quedamos, hasta que mi mamá nos llamó a tomar leche. Ahi le tomé el hombro y le dije al oído que quizás si Einstein no tuviese bigotes, le tomaría la mano de vez en cuando, aunque tomar de las manos es un acto que odio. Y nosé porqué le dije lo de las manos, si lo que quería él era besarme. En ése momento Enrique miró mis manos, y se fué corriendo. No lo volví a ver en semanas. Luego me enteré que se había ido a vivir a La Serena. Estoy casi segura que ésta es la razón por la cual afirmo que fué el peor momento de mi vida.