EL aire tenía olor a recuerdos. Se le vino a la mente el momento cuando caminaba de la mano por esa plaza larga que recorre parte de Providencia (su Providencia) y Santiago Centro. Nunca más nada se asemejó tanto a la gravedad como eso. O a lo mejor si. Claro que sí. Mucho mas atrás en el tiempo. La presencia en aquel departamento vacío, ocupado por los drogos clichés de la periferia urbana. No sé que hacía ahí, ni por qué estaba ahí. Ella tampoco tiene idea. Pero ahí decidió que su camino era, de la manera más utópica, en compañía de ella misma. No es que fuése egoísta. Es que era muy miedosa. Era.
20090117
código número uno
Los coloridos céspedes inculcaban una cierta armonía en su estado anímico. Simpleza y sutileza no eran exactamente lo que su torbellino personal comunicaba. Era algo más parecido a la desesperación y la resignación. Pero ella no lo veía así. Era como una película, de esas que no dicen nada en su trama, pero que solo te gustan por sus colores, por la famosa naturaleza muerta, que nunca nadie retrata a la perfección, por que no existe (si, soy muy desafiante).
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