El agua salada se arrastraba hasta mojar sus zapatos nuevos. Corría y corría, con el fin de evitar que se siguieran mojando. Se acordó de ésa vez cuando acompañó a su abuela al médico. La clínica era vieja, rosada y maloliente. Era pequeño. Se sentaron en un rincón de la sala de espera. El lugar estaba llenísimo de mujeres pasadas de edad esperando lo mismo que su abuela. Las miraba todas y cada una de ellas, pero se concentró en una especialmente, que le llamó mucho la atención por cómo tejía: no usaba palillos, usaba sus dedos. Se había metido muy al fondo. Se arrepentía de haberlo hecho. Había tomado una desición muy ridícula. La fuerza del agua salada hizo que callera a su mismo ritmo. Hace un par de años atrás tuvo un accidente con su bicicleta. Una acrobacia mal hecha le costó una semana en la UTI. Y varios puntos en la cabeza. Y varias jaquécas. Y varios recuerdos borrados.
Se quedó tumbado en la arena mojada por un buen rato. Al despertar se dió cuenta que su frac estaba arruinado por completo. Tenía frío. Pero no cualquier frío. Era un frío como el de primavera en la mañana. El mismo frío que no combinaba con su uniforme. El uniforme con el que conoció a su compañera, a su amante. Ella vestía una jardinera amarilla, como el sol, como la primavera.
Dejó que la marea recalentara su espíritu. Se metió las manos a los bolsillos, y encontró el mismo prendedor que la jardinera solar llevaba puesto el día que salieron a andar en bicicleta y descubrieron que eran los mejores. Mal descubrimiento. Notó que el prendedor llevaba una inscripción en un costado, al lado del mini rubí que decoraba el centro de la rosa tallada en madera. Sus ojos le ardían demasiado, por lo cual no pudo ver qué decía exactamente.
Por unos momentos lo había olvidado: ahí estuvo, de pie frente a la gran puerta de roble con mangos dorados y con flores que olían a azahar subiendo por sus costados. Ya no estaba. Se había ido. Su compañera. La mejor amante. Y no tenía más información. Cómo, cuándo, por qué, dónde. Nada.
Sacó el frac que guardaba para ella. Se introdujo en los zapatos recibidos en navidad. Se vistió para la ocasión. Pero cambió de rumbo. Tomó el camino que llevaba al lugar favorito. De ambos. De los compañeros. Y la infinidad azul marina lo tomó por sorpresa. Y después de rozar la orilla, tomó la decisión de no salir jamás.
It's not
What you thought
When you first began it
You got
What you want
Now you can hardly
stand it though,
By now you know
It's not going to stop
'Til you wise up

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