20090109

conversemos


Por la culpa de la invención del reloj me encuentro sujeta a un montón del cual no me siento parte de ninguna manera. Tanto hablar y escribir produce repudio social. O lo contrario. Depende de quien esté del otro lado. Depende del sabor del dulce que comas. Yo opto por los rosados y rojos.
Me molestan las frases pre-fabricadas con negrita y/o cursiva para resaltar algo in-resaltable.
LO no-bomb: El profesor enchulado. "LA TALA". Me gusta ese lugar. Es barato, y a pesar del tamaño, tienen de todo. Además la vendedora es 'un plato' (nunca he entendido por qué PLATO, en fin) y me deja las cosas más baratas "por amor al arte", como dice ella. Y el profe no quería firmar los dibujitos: "mi firma vale plata, olvídalo". Se parecía a mi tío, por la barba, digo. Y andaba enchulado, según la plato, por la toma de exámenes. "Es sequísimo", me repetía.
Es complejo. Puedo perdonar todo y de todo, pero no por eso dejaré mi hielo de lado. Me dolió, literalmente. No puedo pasarlo por alto. Es como si quedaras inválido: puedes tener las ganas de caminar pero no puedes. No, que mal ejemplo.
Y nada mejora si se usa frenillos y sufres del maldito, odiado, abominable, inevitable, puto "apretón". Debo decir que gracias a eso no como en días. Y del toque adolescente ''muela del juicio''. BAH. La palabra 'adolescencia' siempre me pareció extraña, me suena como a 'adolecer', onda, 'padecer dolor'. Ahí está la cosa.
Además, a todo el mundo se le olvida mi nombre. No soy nadie con mi nombre. Tampoco digo que con mi sobrenombre sea alguien. Es angustiante el tema.
Y el otro día leí algo muy cierto. A veces siento que estoy sola. Inentendida. Sola. Mi existencia pasa totalmente desapercibida. Sin embargo, es peor cuando estás en grupo y te sientes aislado, incongruente, que no perteneces ahí. Creo que esa soledad es peor que la soledad con uno mismo.
Y tampoco quiero planes de nada. No me gusta planear. Me asusta.

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